Especial mitos: Abdón Calderón

11 noviembre, 2016
Especial mitos:  Abdón Calderón

 

La leyenda

Hacia el año de 1969 del pasado siglo, el periodista Manuel J Calle publicó Leyendas del tiempo histórico. Con el ánimo de enaltecer a los héroes patrios, escribió una fantástica historia que narra el combate y muerte del teniente Abdón Senén Calderón Garaycoa en la batalla de Pichincha, un 24 de mayo de 1822.

El relato se posicionó como una versión histórica que aprendimos en la escuela. Estaba en El Terruño, nuestro libro de cabecera. Y sorprendidos, incrédulos y emocionados, celebramos la leyenda: en full intercambio de plomo contra fuerzas realistas, el jovencito de 18 años es agujereado —tipo cedazo— en sus dos brazos y piernas, pero con un solo mordisco levanta la bandera patria. Y, antes de rodar Pichincha abajo, llama a morir en combate. ¡Daaaaale, cholo!

En la clase de cívica recibí un buen coscorrón del profesor, cuando miró mi maltrecho dibujo temático: una bala, representada por una bola que bien podría ser la luna llena de tan épico paisaje, atraviesa el bajo vientre de un flaco bañado en sangre que, con numerosos huecos en sus extremidades, sigue erguido, cabreado y ondeando la bandera. A un ladito de la hoja y de la montaña tapada de héroes caídos, en rojo carmesí yo escribí: ¡Viva el Ecuador!

 

La historia

En un artículo publicado un mayo 29 de 2009 en El Comercio, el historiador Enrique Ayala Mora asegura que, ciertamente, “Calderón fue un héroe y no hace falta inventar una historia descabellada, sino contar la verdad sin exageraciones. Fue cuencano, hijo de un patriota, Francisco Calderón, fusilado por los realistas en San Antonio de Ibarra. El joven, que no llegaba a los 18 años y era hijo de madre viuda, no tenía obligación de enrolarse en el Ejército, pero lo hizo en forma voluntaria. Peleó en varios combates. Participó en la Batalla del Pichincha y fue herido varias veces en ella, según lo destaca Sucre en el parte militar: ‘Hago una particular memoria de la conducta del teniente Calderón, que habiendo recibido sucesivamente cuatro heridas, no quiso retirarse del combate. Probablemente morirá’”.

Ayala Mora continúa: “El teniente Calderón fue llevado al hospital de Quito y murió a causa de las heridas y complicaciones estomacales. En la época, a veces se servía alimentos podridos a los ejércitos. Bolívar puso al joven como ejemplo para el imaginario de la nación recién nacida. Lo ascendió a capitán y dispuso que se lo honrara como héroe”.

La plena es que herido, debilitado y arrumado en el San Juan de Dios, Calderón sufrió una complicación doble provocada por la ingesta de comida dañada y una grave infección que se tomó las heridas. En esas, el héroe sufrió una disentería (diarrea dolorosa con sangrado y mucosidades), se deshidrató y murió, un 7 de junio del mismo año, en la casa del Dr. Félix Valdivieso; recibiendo su funeral al otro día en el convento Máximo de San Nicolás, en Quito; según investigaciones de Víctor Hugo Arellano y Mariano Sánchez, miembros de la Academia Ecuatoriana de Historia Marítima.