Hermanos y rivales

12 diciembre, 2016
Hermanos y rivales

Los Villagómez, el padre y los dos hermanos, integran y compiten en el equipo ABRO. Ganaron las 6 Horas Bogotá, fueron segundos en la misma carrera en Lima y replicaron en Yahuarcocha; en diciembre, a Colombia van por más. ¿Cómo correr seis horas seguidas? Entre el olor de gasolina quemada y el trueno de los motores, SoHo estuvo en pits.

 

Por Esteban Michelena

Fotos de Francisco Espinoza

El hombre, el viento, la soledad de la montaña. Escalar en roca ejercita la concentración mental y la coordinación de piernas, espalda y brazos. Los movimientos deben ser rápidos y exactos. Semanas antes de las 6 Horas Ecuador, el piloto Miguel Villagómez intensificó su preparación física. “Escalar demanda concentración absoluta, tomar decisiones sin el riesgo de la duda que promueve errores; es un gran ejercicio: al final, eres tú y la montaña, a solas”.

Además de este entrenamiento, Miguel dedicó largas horas a prepararse en un simulador y chequeó su salud con un médico deportólogo; hizo ciclismo y también fue al gimnasio, para fortalecer cuello, brazos y espalda; para trabajar sus reflejos volvió a correr en su kart, y para distraerse jugó fútbol.

Su hermano mayor, Xavier, es su compañero de equipo y rival en el asfalto; tampoco deja detalle suelto. “A medida que se acerca el día de competir, aumenta la ansiedad. La noche anterior, te acuestas temprano y queriendo largar, de una vez”, apunta. El piloto cumplió 34 años. Cuenta que la víspera se afinan no solo los motores, también una estrategia y el plan de carrera, responsabilidad que asumen con el jefe de pista y el equipo de mecánicos.

“Son dos reuniones: una en pits y otra, final, en el hotel; antes de dormir lo más temprano posible. Empiezas a concentrarte al máximo, intentas abstraerte de todo: superas el cansancio, fluyes. Son seis horas y puede pasar cualquier cosa”, dice Xavier. A las 6:00, todo el equipo está desayunando algo ligero. Durante las horas previas, los corredores refuerzan su hidratación.

IBARRA-ECUADOR YAHUARCOCHA 6 HORAS DEL ECUADOR EQUIPO ABRO 03102016 FRANCISCO ESPINOSA 0983070080

Gasolina, asfalto y vértigo

Sábado, 24 de septiembre. A segundos de partir, sentado y listo en su prototipo, Xavier ha logrado concentración absoluta. “Te enfocas, te abstraes de todo, controlas tu respiración y energía”. La carrera será larga: durante 360 minutos será incesante el ruido de los coches, disparados tras su objetivo. “Esto es de vuelta en vuelta, con los mejores tiempos. Gana el que más tiempo permanece en pista: mantener el ritmo, chequear la temperatura del auto, atento a las instrucciones del jefe de pista”.

Miguel tiene 31 años. Y le preocupa el tráfico que habrá en la pista, donde su coche se deslizará a una velocidad promedio de 160 km/hora, entre decenas de autos menos rápidos. “Respiración y relajarse, trascender el estrés; eso lo vas dominando con el tiempo”. Xavier logra velocidades similares y para enfrentar el tráfico él parte de una premisa: “El más rápido es el que sabe por dónde pasa. Haces señales de luces, algunos responden con una direccional, otros hacen señas con las manos”. Pero, lo ha escrito la experiencia: la cautela debe ir a bordo. “Un pequeño roce puede acabar con todo”, concluye Xavier, con ocho años de trayectoria.

 

Fierros caprichosos

En la primera entrada a pits para llenar gasolina, el colombiano Óscar Zambrano, jefe de mecánicos del equipo ABRO, observó una ligera baja en el consumo de la batería del prototipo Radical SR3, de Miguel Villagómez. Decidieron que el auto siguiera en carrera. En la vuelta 20 de competencia, el desperfecto cobró: desde su coche, Miguel se comunicó con Xavier, su padre, que actuó como jefe de pista. “El auto se está apagando”, dijo, advirtiendo su llegada a pits.

Zambrano y cuatro mecánicos esperan ansiosos. Miguel detiene el coche. Y como avispas a un panal, el equipo técnico se posa sobre la máquina. En segundos desprenden el cobertor del motor y acometen el problema que les resta minutos de oro. Óscar actúa como un cirujano, pero a gritos:¡Regulador, cortafríos, copas! Así pide, de una en una, las herramientas que requiere para salir del problema y que, rápidos y precisos, sus tres asistentes proveen.

“Perdimos siete vueltas”, lamenta Miguel. “Siempre se ha dicho que los fierros son como las mujeres: caprichosos”, reflexiona, contrariado. “Fue un cable, en el regulador de voltaje de la batería. Son cosas que se salen de las manos”, lamenta Zambrano, sobándose el cuello. Es que el capricho de la batería hizo la diferencia: Miguel se exigió al máximo, pero no logró descontar el tiempo perdido y debió conformarse —a seis vueltas del triunfador—con ser escolta de Xavier, el ganador absoluto.

El circuito del Autódromo Internacional Yahuarcocha tiene una extensión de 3,7 kilómetros y, durante largas seis horas, 47 autos preparados buscaron su lugar en el podio de una competencia que arrancó a las 13:30 y finalizó pasadas las 20:00. Una carrera exigente y emocionante: cuando la noche se posó sobre el escenario, el espectáculo estalló en el trueno de los motores y decenas de luces efímeras que zigzagueantes se proyectan entre el negro asfalto y el oscuro manto de esas horas.

“Cada carrera tiene su estrategia, pero por larga que sea, no es que vamos despacio. A lo que dé el auto, entre unos 140 y 200 kilómetros por hora”, revela Miguel. Xavier, cuatro años mayor, precisa que, durante ese tiempo, es crucial el control del ritmo e intentar preservar la integridad del coche. Y debe ser: durante las cuatro primeras horas de carrera, uno de los líderes fue el colombiano Camilo Forero, a bordo de un Renault Clio II que abandonó la competencia por un irreversible daño mecánico.

Pasadas las 20:00 y minutos, el prototipo Radical SR3 recibió la bandera a cuadros. A un costado y lejos del tumulto que se arma para recibir al ganador, Xavier Villagómez (padre) aparece arrimado a la malla de los pits. Es el papá de los dos chicos y, esta vez, le tocó debutar de jefe de pista, ante la ausencia del titular, el argentino Luciano Salvak. “Tampoco el jefe de mecánicos pudo llegar, los dos tuvieron que apoyar a un equipo en Argentina; por eso trajimos a Óscar desde Bogotá”.

El jefe de pista lidera el trabajo de todo el equipo, es responsable porque la estrategia de carrera se cumpla, controla los tiempos de los coches, calcula los destinados a pits y debe ser exacto en las instrucciones que pasa a los pilotos, en especial cuando las autoridades reportan un accidente y levantan bandera amarilla. “Es el papá el que piensa la carrera y corrige: el que manda”, precisa Miguel.

Durante toda la carrera, papá Xavier pasó, cronómetro en mano, llenando cuadros con números y alguna señal, escrita al margen de una hoja de papel.Habla de su debut de fuego. “Es mi primera vez, esto me carga demasiada tensión, muchos nervios”. Tener los dos chicos del alma deslizándose hasta a 200 km/h no es para menos. “Puede pasar cualquier cosa”, había dicho Xavier. Para el jefe mirar el desempeño de sus hijos es parte de su realización como padre. Sonriente, cuenta que no ha olvidado la anécdota del inicio en las carreras de Miguel. “Ya a sus 15 se me dedicó al trago y la juerga. Los fierros le cambiaron la vida”, adelanta.

 

Hermanos y rivales, besos y abrazos

Completó 188 vueltas en seis horas, un minuto y cinco segundos: Xavier triunfó y aún está sentado en su coche. Se saca el casco, atiende a la prensa, le hacen fotos, le aclaman. Pero se emociona cuando, de brazo en brazo, recibe a su hijo Joaquín. Recuerda que muy jovencito ya le llamó la atención el ruidoso mundo de las carreras, que le entregó sus primeros honores como campeón nacional de Karting, segundo lugar en la categoría de la Monomarca y campeón nacional de Prototipos. El récord de Miguel es similar y los dos hermanos fueron campeones de las 6 Horas Bogotá y segundos en las 6 Horas Lima.

A pocos metros, Miguel asiste a un ritual parecido. Apenas logró recuperar una de las siete vueltas perdidas y fue segundo, con 182 giros al circuito. “Mi hermano es mi referente, pero no me gusta que me gane. Afuera somos hermanos, adentro las cosas cambian. Pero si los dos nos exigimos al máximo, terminamos mejorando ambos”, advierte.

Luego camina en pos de Xavier y los campeones se funden en un abrazo. El mayor, complaciente, acompaña las declaraciones del menor, respecto a sus inicios. “Antes mentía, me inventaba. Ahora digo la verdad: cuando no tenía ni 15 años, yo andaba con amigos de 20: tragos, farra, chicas. Iba para borracho”, dice, acelerando la carcajada.

Hasta que el jefe de pista puso orden en los pits de la familia. “Me agarra mi padre y me dice: tú, más que tragos y muchachas, necesitas disciplina. Esto no sigue así, elige un deporte y yo te apoyo”. Miguel cuenta que la enérgica decisión paterna fue santo remedio. “Al corto tiempo, un viernes noche yo prefería estar calibrando mi kart que andar de farra”. Poco después Xavier también se involucró con las pistas.

La prensa invita a los hermanos ganadores a posar juntos. Ha sido un largo día y los chicos están pletóricos. El esfuerzo valió la pena. Cada bólido cuesta cerca de 170 000 dólares, más llantas y otros juguetes; cada carrera quema otros 6000 dólares. Los Villagómez cuentan con el auspicio de ABRO Ecuador y la multinacional de lubricantes con sede en EEUU, ademásde otras marcas que los apoyan mientras se mantengan ganadores. Siguen las fotos y las notas de TV. “Esta vez logramos el undos. A Colombia volvemos este año, en diciembre. ¡Ahí veremos!”, finaliza Xavier. Y Miguel, con guiño de ojo, levanta su pulgar derecho.

Los chicos suben al podio. Estallan juegos pirotécnicos y el ronco animador usa sus mejores palabras para referirse a cada uno de los ganadores. A un costado, fuera de las fotos y los abrazos, Xavier Villagómez mira la felicidad de sus hijos. Está como ausente, brazos cruzados, corazón a 8000 RPM. Busco al orgulloso padre. ¿Contento, don Xavier? “Yo soy feliz cuando volvemos a casa, cuando todo esto termina”, asiente con la cabeza, sin dejar de mirar el podio.