Horizonte de las estrellas

12 diciembre, 2016
Horizonte de las estrellas

IMÁGENES PAGANAS

Por Rafael Lugo

 

Con los años, muy despacio y por cortas temporadas, he ido aprendiendo conceptos y teorías de la ciencia que me han fascinado.

Es probable que si me hubieran enseñado que la más inteligente manera de hacerlo la ofrece la ciencia jamás habría pisado una facultad de Derecho. En esas aulas entré en una disciplina que tan solo explica el poder y sus consecuencias. No está mal, pero no es todo lo que se debe comprender.

Muchos hemos conocido el clásico ejemplo del átomo y de un sistema de planetas, el curioso hecho de que en un átomo los electrones orbiten alrededor del núcleo con protones y neutrones, de manera similar a un sol con sus planetas.No obstante, hay otros. Otros fenómenos estelares explicados por la física que parecen descripciones de la circunstancia del hombre, acaso no tan exactos en una comparación gráfica, pero sí filosófica y hasta poética.

En 1930 Sbrahmanyan Chandrasekhar, un físico hindú apegado a la teoría de la relatividad de Einstein, explicó los agujeros negros como los conocemos ahora. Cuando la energía de una estrella gigante se agota por completo, su masa empieza a contraerse empujando hacia sí misma, acaso hasta el infinito. Así la estrella agonizante alcanza una densidad de increíble fuerza de atracción. Grita hacia adentro como buscando comerse su propio corazón. Se reduce en tamaño, pero multiplica su fuerza de gravedad.

Por años he disfrutado de las aplicaciones metafóricas que tiene el contundente agujero negro, esas “cosas” enormes que flotan en el espacio y que tienen tanta masa y por lo mismo tanta fuerza de gravedad que se tragan hasta la luz. Un agujero negro es el recuerdo de una estrella. Nadie ha visto lo que hay adentro de uno de ellos, no hay manera de emitir señales hacia el exterior, el agujero negro está desconectado del espacio. Es la definición de la despedida. Es la piel de lo definitivo y atroz.

Pero antes de “caerse” dentro de uno, todavía queda una zona con un nombre bello: el horizonte de sucesos. El horizonte de sucesoses una zona invisible alrededor de un agujero negro desde la cual, en teoría, todavía puedes escaparte de caer al centro. Para evitarlo debes acelerar a la velocidad de la luz. Algo imposible en la actual realidad, pero posible en las opciones de la teoría. Esta misma teoría explica que, si de todas maneras caíste, necesitarás una velocidad superior a la de la luz para escapar. Y esto es, incluso para la teoría actual, irrealizable. Usar como metáfora de lo imposible el intento de escapar de un agujero negro no está mal.

Es tétrico ese no lugar desde donde no te pueden llamar. Desde donde no puedes ver ni ser visto. Adentro del horizonte de sucesos nada puede ser encontrado ni escuchado. Y no es porque quien haya caído ahí haya desaparecido, no ha desaparecido, sigue ahí, en alguna parte, vuelto polvo a causa del cortafuegos, pero sigue en alguna condición. ¿Serán fantasmas sin memoria los que flotan ahí?

El estado de la materia absorbida por un agujero negro es un misterio para todos, especialmente para los más geniales físicos de la humanidad. Pero está flotando en el horizonte de sucesos hasta que colapsa —conforme la teoría— en el centro del agujero negro. Algo así como: sabemos dónde estás, pero no cómo estás.

Y luego aparecen otras teorías al respecto, una de Hawking que sostiene que no, que no hay horizonte de sucesos, sino un horizonte aparente, y que de un agujero negro sí se escapa la materia, pero totalmente transformada, en forma de radiación. Que no se podría determinar lo que hay adentro a partir de lo que va saliendo porque todo ha cambiado. Un renacimiento sin memoria, digamos. Una forma de desaparecer sin desaparecer.

Y entonces pienso en los que se han ido. En mi abuelo que cumplirá 15 años de estar sin ser él en un agujero negro. E imagino que, si algo de él logró escapar en forma de radiación, tendría que ser su mirada. Pero una mirada que ya no recuerda los ojos de donde vino, claro, ni lo que busca. Y con esto me conformo, no es su culpa no acordarse de mí, ni será la mía olvidarme de él cuando cruce el horizonte. Cualquiera de ellos.